Un bosque es un ecosistema donde la vegetación predominante la constituyen los árboles y arbustos. Es una asociación vegetal conformada por una amplia gama de vegetación, incluyendo no solo árboles y arbustos, sino también vegetación como la hierba, las flores y hasta por las deposiciones orgánicas de éstas plantas en el suelo, como las ramas o las hojas caídas, que contribuyen a la riqueza del suelo. Estas comunidades de plantas cubren grandes áreas de la Tierra y constituyen hábitats para los animales, son moduladores de flujos hidrológicos y conservadores del suelo, constituyendo uno de los aspectos más relevantes de la biosfera del globo terráqueo. Aunque a menudo se han considerado como consumidores de dióxido de carbono atmosférico, los bosques maduros son prácticamente neutros por lo que respecta al carbono, y son solamente los alterados y los jóvenes los que actúan como dichos consumidores. De cualquier manera, los bosques maduros juegan un importante papel como reservorios estables en el ciclo global del carbono y su eliminación conlleva un incremento de los niveles de dióxido de carbono atmosférico. Los bosques pueden hallarse en todas las regiones capaces de mantener el crecimiento de árboles, hasta la línea de árboles, excepto donde la frecuencia de fuego natural es demasiado alta, o donde el ambiente ha sido perjudicado por procesos naturales o por actividades humanas. Los bosques a veces contienen muchas especies de árboles dentro de una pequeña área (como la selva lluviosa tropical y el bosque templado caducifolio), o relativamente pocas especies en áreas grandes (por ejemplo, la taiga y bosques áridos montañosos de coníferas). Los bosques son a menudo hogar de muchos animales y especies de plantas, y la biomasa por área de unidad es alta comparada a otras comunidades de vegetación. La mayor parte de esta biomasa se halla en el subsuelo en los sistemas de raíces y como detritos de plantas parcialmente descompuestos. El componente leñoso de un bosque contiene lignina, cuya descomposición es relativamente lenta comparado con otros materiales orgánicos como la celulosa y otros carbohidratos.

Un desierto es un bioma de clima árido, en donde las precipitaciones son escasas. Estos suelen poseer poca vida, pero eso depende del tipo de desierto; en muchos existe vida abundante, la vegetación se adapta a la poca humedad (matorral xerófilo) y la fauna usualmente se resguarda durante el día para preservar humedad. El establecimiento de grupos sociales en los desiertos es complicado y requiere de una importante adaptación a las condiciones extremas que en ellos imperan. Los desiertos forman la zona más extensa de la superficie terrestre: con más de 50 millones de kilómetros cuadrados, ocupan casi un tercio de esta. De este total, 53 % corresponden a desiertos cálidos y 47 % a desiertos fríos. Los procesos de erosión son factores de suma importancia en la formación del paisaje desértico. Según el tipo y grado de erosión que los vientos eólicos y la radiación solar han causado, los desiertos presentan diferentes tipos de suelos: desierto arenoso es aquel que está compuesto principalmente por arena, que por acción de los vientos forman las dunas, y desierto pedregoso o rocoso es aquel cuyo terreno está constituido por rocas o guijarros (este tipo de desiertos suele denominarse con la palabra árabe hamada). Los desiertos pueden contener valiosos depósitos minerales que fueron formados en el ambiente árido, o fueron expuestos por la erosión. En las zonas bajas se pueden formar salares. Debido a la sequedad de los desiertos, son lugares ideales para la preservación de artefactos humanos y fósiles.

La tundra (del ruso тундра, 'llanura sin árboles', y del lapón tūndâr, 'tierra infértil') se describe como la región biogeográfica polar, cuya vegetación es de bajo crecimiento, más allá del límite norte de la zona arbolada. Es un bioma que se caracteriza por su subsuelo helado, falta de vegetación arbórea o, en todo caso, de árboles naturales, lo cual se debe a la poca heliofanía y al estrés del frío glacial; los suelos, que están cubiertos de musgos y líquenes, son pantanosos, con turberas en muchos sitios. Se extiende principalmente por el hemisferio norte: extremo norte de Rusia, Alaska, norte de Canadá, este de Groenlandia y la costa ártica de Europa. En el hemisferio sur se manifiesta con temperaturas mucho más parejas durante el año y en lugares como el extremo sur de Chile, islas subantárticas como la isla San Pedro (Georgia del Sur), Auckland y Kerguelen y en pequeñas zonas del norte de la Antártida cercanas al nivel del mar. Se desarrolla a una latitud aproximada de 63°33. Bajando estas latitudes se suelen encontrar bosques de coníferas (la taiga) con algunas betuláceas enanas en el hemisferio norte, bosques y selva húmeda fría de fagáceas, seguidos de coníferas australes en el hemisferio sur. También existen biomas semejantes a los de la tundra por efecto de la altura, como en el Tíbet y en diversos niveles de las montañas de todo el mundo, como ocurre en zonas tropicales. Se pueden distinguir tres tipos de tundra: alpina, ártica y antártica. La alpina se encuentra en zonas montañosas, mientras que la ártica se encuentra en zonas más bajas en donde se forman charcos y es en esta donde hay mayor presencia de vegetación; por último, la antártica, que cuenta con mucho menos biodiversidad que las dos anteriores. En la tundra la vegetación está compuesta de arbustos enanos, juncias, hierbas, musgos y líquenes. En algunas regiones de tundra crecen árboles dispersos. El ecotono (o región límite ecológica) entre la tundra y el bosque se conoce como límite del bosque o línea de árboles.